Del cielo a las estrellas

Las noches despejadas de verano son propicias para tumbarse en la hierba mirando el cielo. La oscuridad se tiñe de puntos blancos. Muchas de las estrellas que se ven en el firmamento están tan lejos que ya ni siquiera existen, nos han dejado el legado de su luz y nosotros tenemos el privilegio de admirarlas. La sensación de enormidad se hace tan evidente que uno no puede evitar pensar. Somos insignificantes, pero nuestras mentes vuelan y son capaces de ponerse a la altura de cualquier lugar recóndito del universo.

“Una noche, descorazonado, subí a la colina. Los matorrales me cerraban a menudo el camino. Abajo se ordenaban los faroles de los suburbios. Las ventanas, con las cortinas bajas, eran ojos cerrados, que observaban interiormente la vida de los sueños. Más allá de la sombra del mar, latía un faro. Arriba, oscuridad.(…)

(…)la oscuridad reveló una estrella. Una trémula flecha de luz, proyectada quién sabe cuántos miles de años atrás, ahora alcanzaba mis nervios como un punto visible, y me estremecía. ¿Pues qué podía significar nuestra comunidad, frágil, evanescente, fortuita, en un universo semejante? Pero, irracionalmente, sentí en mí una rara reverencia, no hacia el astro, un simple fuego que la distancia santificaba falsamente, sino hacia otra cosa, algo que mí corazón descubría en aquel terrible contraste entre la estrella y nosotros. Sin embargo, ¿qué podía ser eso? La inteligencia, mirando más allá del astro, no descubría ningún Hacedor de Estrellas, sólo oscuridad; ningún Amor, ningún Poder siquiera, sólo nada. Y sin embargo, el corazón parecía cantar una alabanza.”

Olaf Stapledon. El hacedor de estrellas.1937.

En el Hacedor de estrellas, se nos invita a dar un paseo por la inmensidad del tiempo y del espacio, un viaje astral investigando los orígenes y el fin del universo y donde nos convertimos en pura energía. El científico Ray Kurzweil, una de las mentes más preclaras del momento, ya comenta que siguiendo el ritmo del avance tecnológico actual es muy posible que en el 2029 sea difícil distinguir entre la inteligencia natural y la artificial, y una vez que el hombre se fusione con la tecnología, estaremos muy cerca de convertirnos en inteligencia pura y global.

No se si llegaremos a tanto y tan rápido, pero la imaginación ya es un terremoto en sí, y un gran viaje de la inteligencia.

Galaxia

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Acerca de Señor W.

Del temblor al terremoto. Contacto: esperandoelterremoto@gmail.com
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