La pimienta y la fe.

Templario

Fe

Resulta sorprendente como una idea puede cambiar a una persona, a un grupo de gente, o a una sociedad entera. Al fin y al cabo somos aquello en lo que creemos y nuestras creencias marcan el discurrir de nuestra acciones, ya sean creencias religiosas o ideológicas o de cualquier otro tipo:

“(…) hoy en día la religión causa tanta violencia como en cualquier momento del pasado. Los recientes conflictos en Palestina (judíos contra musulmanes), los Balcanes (serbios ortodoxos contra croatas católicos), Irlanda del norte (protestantes contra católicos), Cachemira (musulmanes contra hindúes), Sudán (musulmanes contra cristianos y animistas), Nigeria (musulmanes contra cristianos), Etiopía y Eritrea (musulmanes contra cristianos), Sri Lanka (budistas de Sinaloa contra hindúes de Tamil), Indonesia (musulmanes contra cristianos de Timor) y el Cáucaso (rusos ortodoxos contra musulmanes chechenios; musulmanes de Azerbaiyán contra armenios católicos y ortodoxos) son los primeros casos que acuden a la mente. En esos lugares la religión a sido causa explícita de millones de muertes en los últimos diez años.”

Sam Harris. El fin de la fe. 2004

Pequeños detalles son los que desembocan en grandes acontecimientos, algunos, incluso, marcaron largos periodos de la historia. Carlo M. Cipolla, uno de los mayores historiadores del siglo XX y autor del Ensayo sobre la estupidez humana, en Allegro ma non troppo, nos invita a pensar en los pequeños detalles. ¿Es posible que la pasión por una especia como la pimienta, provocase uno de los enfrentamientos religiosos más destacados de la historia?

“El Ermitaño [Pedro el Ermitaño] era francés. Según escribió Guillermo de Tiro, «Pedro nació en la diócesis de Amiens, en el reino de Francia. Era menudo y de salud débil, ero tenía un corazón muy grande». Según Gilberto de Nogent, Pedro «comía poquísimo pan y se alimentaba tan sólo de pescado y vino». Seguramente no tenía problemas de colesterol. Lo que nadie explica, sin embargo, es que Pedro tenía debilidad por las comidas picantes. Si consumía tan sólo pescado y vino, se debía a que era un pobre eremita y no un rico abad y, en consecuencia, no podía permitirse el lujo de adquirir la pimienta que los contrabandistas transportaban furtivamente a Occidente y vendían a elevadísimo precio(…). Solo en su ermita, desengañado por los continuos fracasos que obtenían sus plegarias, Pedro fue elaborando un gran plan: promover una cruzada para liberar la Tierra Santa de la opresión musulmana, que permitiría, al mismo tiempo, abrir de nuevo las vías de comunicación con Oriente y, por lo tanto, reabastecer a Europa de pimienta de un modo regular. Así podría obtener de una sola vez la seguridad de una dulce recompensa futura en el cielo, y el premio picante en la tierra. En cuanto al éxito de la empresa, no podían caber dudas: ¿cómo podría el Señor Dios Padre, que conocía sin duda la recóndita aspiración de Pedro, negar su ayuda a una empresa que tenia por objeto aniquilar a los musulmanes y liberar la Tierra Santa?”

Carlo M. Cipolla. Allegro ma non troppo. 1988.

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Acerca de Señor W.

Del temblor al terremoto. Contacto: esperandoelterremoto@gmail.com
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5 respuestas a La pimienta y la fe.

  1. Pingback: El poder de la estupidez | ESPERANDO EL TERREMOTO

  2. M dijo:

    Qué fatalidad…. parece que no la encontraron porque acá llegaron buscando lo mismo. Supuestamente.

    Me gusta mucho el concepto de su blog, Sr. W, creo que no había visto nada así. Sin embargo, dado que soy un poquito alérgica a las comillas…. pienso que sus lectores estarían más que dispuestos a perdonarle a usted el atrevimiento de citarse a sí mismo con mayor generosidad…. al menos en algún que otro post. Por favor, tómelo como un cumplido. 🙂

    • Señor W. dijo:

      Muchas gracias M y gracias por tu visita. Por lo que se refiere al tema de las citas, si no citase a otros autores, perdería la esencia y finalidad de este blog, es decir, buscar relaciones, vínculos, conexiones entre conceptos, ideas, sensaciones. Es por este motivo que la mayoría de las entradas sean dos textos sin una relación aparente pero que tienen un punto en común; o un cuadro y una idea, o temas comunes que se repiten de forma reiterada en cualquier tipo de expresión artística. No se si me explico. Si quieres leer cosas que sean más directamente mías, hace poco he comenzado una serie de entradas llamadas Venus Muriendo, donde voy presentando un poemario que escribí hace algún tiempo y que me vincula a quién yo fui en el pasado. Gracias de nuevo.
      Un saludo.

  3. M dijo:

    Sí te explicas y, por supuesto, es como dices. Lo sabía de entrada y por eso escribí “al menos en algún que otro post”. Te reitero que me parece bien interesante el enfoque del blog, mi comentario no es una crítica, sino todo lo contrario. Ya había leído la entrada de Venus. Sí me gustó, pero uno se queda “con gusto a poco…” como dicen por ahí. Al contrario, gracias a ti.

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