El regreso del monje

Jack Kornfield ha dedicado muchos años de su vida a intentar integrar las enseñanzas espirituales orientales, de una manera accesible, en occidente. Este deseo surgió de su propia experiencia, pues, tras cinco años de estudio en Asia, con la cabeza afeitada y vestido con sus hábitos de monje budista, regresó a Estados Unidos para ver a la familia y le sucedió lo siguiente:

“En el verano de 1972 (…) decidí hacer una visita a mi hermano gemelo y a su esposa en Long Island, con mis hábitos y mi cuenco, tomé un tren que iba de Washington a la Gran Estación Central de New York, provisto con un billete que me había comprado mi madre; como renunciante no podía manejar dinero por mi mismo. Llegué por la tarde y empecé a subir por la Quinta Avenida para encontrarme con mi cuñada. Todavía seguía muy sereno, tras años de practica; caminé como si meditara, haciendo que para mi mente Tiffanys y la muchedumbre de peatones fueran semejantes a los árboles y al viento de mi monasterio de la jungla. Tenía que encontrarme con mi cuñada frente al edificio de Elizabeth Arden (…) a las cuatro, como habíamos acordado, pero no apareció. Tras esperar un rato entré. (…) Cogí el ascensor hasta el cuarto piso.  (…) Me senté en un cómodo sillón, y tras esperar unos minutos, decidí cruzar las piernas, cerrar mis ojos y meditar. Después de todo yo era un monje: ¿qué otra cosa tenía que hacer allí? Pasados diez minutos empecé a oír risas y ruidos. Seguí meditando pero finalmente oí, desde la sala que había frente a la habitación, un grupo de voces y una fuerte exclamación: «¿Es real?», lo que me hizo abrir los ojos. Vi a ocho o diez mujeres vestidas con batas de Elizabeth Arden (las túnicas que les proporcionaban por un día) sorprendidas ante mi. Muchas de ellas llevaban puestos rulos, otras múltiples pasadores de cabello en forma de pez. Algunas llevaban sus rostros tiznados con lo que parecía aguacate verde. Otras tenían la cara cubierta de barro. Las miré (…) y me sorprendí a mi mismo preguntándome: «¿Son reales?»”

Jack Kornfield. Camino con Corazón. 1994.

A raíz de este choque brutal con la realidad de Occidente no es de extrañar que una semana después abandonara los hábitos, se matriculara en la universidad, consiguiera un trabajo de taxista y colaborara por las noche en el hospital mental de Boston. También decidió que debía encontrar un modo de reconciliar las antiguas enseñanzas recibidas en su monasterio budista, con el modo de vida en el mundo moderno.

Si nos fijamos en la fecha de estos acontecimientos, 1972, puede parecernos normal que la sociedad americana (occidente en general) no estuviese acostumbrada a ver monjes budistas por la calle, pero esto sigue sucediendo hoy en día.

Conozco a una persona que trabaja en una tienda de ropa y recientemente tuvo como cliente a un monje budista tibetano que, acompañado por una amiga que ejercía las labores de traductora, necesitaba comprar algo de ropa “occidental” para pasar un poco más desapercibido, ya que la gente se paraba por la calle para mirarle como si fuera una atracción de feria.

Vivimos en una sociedad en la que en teoría las distancias han dejado de existir, donde toda la información está a un click del ratón del ordenador y donde presumimos de integración con otras culturas y, en 38 años que han pasado desde la anécdota de Kornfield, seguimos viendo todo lo que llega desde Oriente  o desde un poco más lejos de nuestras narices, como algo extraño.

Meditacion

Monje

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Acerca de Señor W.

Del temblor al terremoto. Contacto: esperandoelterremoto@gmail.com
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2 respuestas a El regreso del monje

  1. Patricia Palacios dijo:

    Que interesante!!.Seguro que muchos valores de los budistas bien aplicados a nuestra sociedad actual, valdrían para mucho.

    • Señor W. dijo:

      Sin lugar a dudas Patricia. Date cuenta de que en algunos campos nos llevan unos cuantos años de ventaja. Aunque sólo sea por la experiencia acumulada. También es cierto que hay formas que no son aplicables a nuestra cultura, de ahí el trabajo de Jack Kornfield.
      Saludos.

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