Pensamiento lateral

“Gurney cogió el papel y se apoyó en el respaldo de la silla para examinarlo. A la primera notó la pulcritud de la caligrafía. Las palabras estaban escritas de un modo preciso y elegante: de inmediato le vino a la mente la imagen de la hermana Mary Joseph mientras escribía en la pizarra de su escuela de primaria. Sin embargo, más extraño si cabe que la escrupulosa caligrafía era el hecho de que la nota se había escrito con pluma y tinta roja. ¿Tinta roja? El abuelo de Gurney había usado tinta roja. Tenía frasquitos redondos de tinta azul, verde y roja. Recordaba muy poco de su abuelo, pero recordaba la tinta. ¿Aún se vendía tinta roja para pluma?

Gurney leyó la nota torciendo el gesto, luego volvió a leerla. No había ni saludo ni firma.

¿Crees en el destino? Yo sí, porque pensaba que no volvería a verte y, de repente, un día, allí estaba. Todo volvió: cómo sonaba, cómo se movía, y más que ninguna otra cosa, cómo pensaba. Si alguien te pidiera que pensaras en un número, yo sé en qué número pensarías. ¿No me crees? Te lo demostraré. Piensa en cualquier número del uno al mil: el primero que se te ocurra. Imagínatelo. Ahora verás lo bien que conozco tus secretos. Abre el sobrecito.

Gurney emitió un gruñido evasivo y miró de manera inquisitiva a Mellery, que había estado observándolo mientras leía.

—¿Tienes alguna idea de quién te envió esto?

—Ni la menor idea.

—¿Alguna sospecha?

—No.

—Hum. ¿Participaste en el juego?

—¿El juego? — Estaba claro que Mellery no lo consideraba así. — Si lo que quieres decir es si pensé en un número, sí. En esas circunstancias habría sido difícil no hacerlo.

—¿Así que pensaste en un número?

—Sí.

—¿Y?

Mellery se aclaró la garganta.

—El número en el que pensé era el seiscientos cincuenta y ocho.

Lo repitió, articulando los dígitos (seis, cinco, ocho), como si pudieran significar algo para Gurney. Cuando vio que no, respiró con nerviosismo y continuó.

—El número seiscientos cincuenta y ocho no tiene ningún significado especial para mí. Sólo fue el primero que se me ocurrió. Me he devanado los sesos, tratando de recordar algo que pudiera asociar con él, cualquier razón por la que pudiera haberlo elegido, pero no se me ha ocurrido nada. Es sólo el primero que se me ocurrió insistió con nerviosa sinceridad.

Gurney lo miró con creciente interés.

—¿Y en el sobrecito…?

Mellery le pasó el sobre que acompañaba la nota y observó con atención mientras Gurney lo abría, sacaba un trozo de libreta y leía el mensaje escrito en el mismo estilo delicado y con la misma tinta roja.

¿Te sorprende que supiera que ibas a elegir el 658? ¿Quién te conoce tan bien? Si quieres la respuesta, primero has de devolverme los 289,87 dólares que me costó encontrarte. Envía esa cantidad exacta a: P. O. Box 49449, Wycherly, CT 61010 Envíame efectivo o un cheque nominativo Hazlo a nombre de X. Arybdis (Ése no siempre fue mi nombre.)

Después de volver a leer la nota, Gurney le preguntó si había contestado.

—Sí. Envié un cheque por el importe mencionado.

—¿Porqué?

—¿Qué quieres decir?

—Es mucho dinero. ¿Por qué decidiste mandarlo?

—Porque me estaba volviendo loco. El número, ¿cómo podía saberlo?

—¿Han cobrado el cheque?

—No, lo cierto es que no — dijo Mellery. — He estado controlando mi cuenta a diario. Por eso envié un cheque en lugar de efectivo. Pensaba que podría ser una buena idea para averiguar algo respecto a ese tal Arybdis; al menos sabría dónde depositaba los cheques. Todo el asunto era muy inquietante.

—¿Qué te inquietaba exactamente?

—¡El número, por supuesto! gritó Mellery. ¿Cómo podía ese tipo saber algo así?

John Verdon. Sé lo que estás pensando. 2010.

Un enigmático asesino en serie presume de conocer a la perfección a sus futuras víctimas. Tanto, que es capaz de adivinar aquello en lo que están pensando. Las policía es incapaz de comprender como actúa este criminal y lo que es aún peor, no son capaces de atraparte aunque los escenarios del crimen están repletos de pruebas. Se han hundido en un oscuro laberinto del que podrían salir fácilmente si aplicasen algo de pensamiento lateral.

Como bien ha definido Edward de Bono: “el pensamiento lateral es el conjunto de procesos destinados al uso de información de modo que genere ideas creativas mediante una reestructuración perspicaz de los conceptos ya existentes en la mente.

Evidentemente, si tenemos en cuenta este tipo de pensamiento, el libro de John Verdon pierde todo su valor como novela de investigación policial, puesto que todo su trabajo se fundamenta en nuestra ignorancia, en el hecho de que, como lectores, no vamos a poder resolver el misterio. Pero, por supuesto, no seré yo quién destripe esta novela que a pesar de todo es entretenida. Lo que pretendo es poner algún ejemplo de este tipo de resolución de problemas muy útil una vez que se comprende el concepto:

Enigma 1

Un huevo de perdiz crudo cayó 24 pisos sin romperse. ¿Cómo es posible esto?”

Pista 1: No es importante el tipo de huevo. Puede suceder con cualquier huevo crudo.

Pista 2: El huevo cae solo, en caída libre y sin ningún tipo de paracaídas.

Pista 3: No hay ninguna clase de material blando, ni red especial, ni ningún otro tipo de artilugio capaz de amortiguar el impacto contra el suelo.

Enigma 2

“El portero del exclusivo club «A mover el esqueleto» está apostado en la entrada, y los socios deben decirle una contraseña para poder entrar. Usted se sitúa discretamente cerca de la puerta y oye que llega un socio y dice: ‹Prendedor› y entra. Viene otro y dice: ‹Piojoso›, y el portero, lejos de ofenderse, lo deja pasar. Llega un tercero y dice: ‹Pantalón›, y también entra. Entonces usted, convencido de que se trata de decir palabras que empiezan con P, se acerca y dice: ‹Paragüas› y… ¡oh, es despedido de muy mala manera! Mientras se rehace de la vergüenza de haber sido descubierto, escucha que se acercan otras personas y dicen: ‹Concejal›, ‹Recodo› y ‹Empiezo› y entran. ¿Cuál es la consigna que debe cumplir la palabra dicha a la entrada, para poder entrar?

Pista 1: No son palabras que contengan una O ya que sería muy fácil acertar por casualidad.

Pista 2: No se trata, por tanto de palabras que contengan determinada letra.

Si eres capaz de resolver estos sencillos problemas no tendrás ninguna dificultad para saber como puede acertar nuestro asesino un número del 1 al 1000.

Fuentes: Acertijos de Michael Voldosina.
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Acerca de Señor W.

Del temblor al terremoto. Contacto: esperandoelterremoto@gmail.com
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9 respuestas a Pensamiento lateral

  1. Juan Carlos dijo:

    Lo he intentado (lo de los sencillos enigmas) pero no ha sido posible. Me gustan esos pensamientos laterales. Gracias

  2. patricia dijo:

    Es una hora demasiado intempestiva para pensar en los enigmas, pero prometo volver y pensar lateralmente hasta dar con alguna solución. Intrigante el asesino en cuestión!!!

  3. El perro de Culann dijo:

    “El huevo cae 24 pisos sin romperse” todos suponemos en un primer vistazo q el edificio tiene 24 pisos pero si tiene mas pisos, por ejemplo 25 , los 24 primeros pisos caera sin romperse, solo se rompera cuando llegue al suelo.

  4. patricia dijo:

    Asi que lo del huevo era asi, eh?? Voy a pensar en los demás.

  5. pablitus dijo:

    Bueno, en el primer acertijo corto, se me ocurrió lo mismo que a El Perro de Culann, o sea que acerté. En el segundo, todas las palabras que dicen contienen partes del cuerpo, por ejemplo: prenDEDOr, piOJOso, panTALON, conCEJAl, reCODO, y emPIEzo. En cambio, paragüas no contiene ninguna palabra que sea una parte del cuerpo. Intuyo que
    si él hubiese dicho la palabra “abrazo” habría entrado al club sin problemas.
    Lo del asesino lo pensaré dentro de un rato, capaz que se me ocurre alguna solución.

    • Señor W. dijo:

      ¡Bien Pablitus! Diste justo en el clavo. Lo mejor es siempre alejarse de la visión más lógica y rectilínea para centrarse en un pensamiento más paralelo. Esta lateralidad es la que nos ofrece la solución.

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