Fichados

Es curioso que para ver el futuro, en este caso, tengamos que viajar al pasado, o lo que es lo mismo, en ocasiones en el pasado tenemos grandes soluciones para problemas del presente que han caído en saco roto o que simplemente no interesa aplicar por simple hipocresía. Siempre me acuerdo de esto cuando tengo que realizar algún trámite burocrático o cuando veo violada mi privacidad por parte tanto de empresas como del propio Estado. Lo peor de todo es que alguien ya encontró la solución a estos problemas y aquí seguimos, en cambio, peleando y peleando.

Viajemos, por tanto, hasta 1973 y leamos atentamente a un ilustre pensador llamado Asimov:

“La hipocresía es un fenómeno universal. Termina con la muerte, pero no antes. Cuando es consciente, repugna, pero pocos de nosotros somos hipócritas conscientes. ¡Es tan fácil inventar argumentos que hagan el caldo gordo a nuestros propios intereses y prejuicios, y encontrarlos sinceramente nobles!

(…)¿Qué decir de la hipocresía, nada distinta, de todos aquellos que hoy están en contra de la tecnología?

Sabe el cielo cuánta gente se ocupa hoy de denunciar nuestra sociedad tecnológica y todos los males que nos ha traído. Y lo hacen con una virtud auto-conciente que enmascara el hecho de que todos ellos anhelan los beneficios de esa sociedad tanto como cualquier otro. Por así decirlo, son capaces de denunciar la maquinilla eléctrica de afeitar del vecino mientras rasguean una guitarra eléctrica.

No faltan los idealistas que «vuelven a la madre tierra» y perseveran el mes o dos necesarios para que les salgan callos. Imagino que usarán palos y piedras como herramientas, despreciando los fantasiosos instrumentos metálicos manufacturados por modernos hornos y fábricas. Pero incluso así sólo son libres de hacerlo porque se aprovechan de que nuestra sociedad tecnológica puede alimentar (aunque sea imperfectamente) a miles de millones de seres humanos, y dejar todavía tierra para que los amantes de la vida llana caven en ella.

La sociedad tecnológica no le fue impuesta a la humanidad. Nació de la demanda humana de alimento abundante, calor en el invierno, fresco en el verano, menos trabajo y más juego y diversión. Por desgracia, la gente quiere esto, y además todos los hijos que les parece bien tener, y el resultado es que la tecnología, en sus mejores logros, nos ha llevado a una situación de considerable peligro.

Muy bien; hay que salir del aprieto y salvar el pellejo, ¿pero cómo? Para mí, la única respuesta posible es: a través de un uso continuado y más sabio de la tecnología. No digo que esto garantice el éxito, pero sí que ninguna otra solución funcionará.

(…)La historia de la ineptitud administrativa, del salvajismo burocrático, de todas las injusticias y tiranía del pequeño funcionariado precede con mucho a la computadora.

(…)Lo que todos veneramos es la imparcialidad a ultranza. Proclamamos que las leyes deben cumplirse sin favoritismos. Mantenemos que la ley no respeta a las personas. Si realmente lo creemos, debiéramos dar la bienvenida a las computadoras, que aplicarían las reglas de la sociedad sin ser capaces de plegarse a zalamerías ni a sobornos.

(…)¿O es que no queremos, en realidad, que se nos trate imparcialmente? Es muy probable; y por ello sospecho que la hipocresía tiene mucho que ver con el clamor contra las computadoras.

¿Perdemos nuestra individualidad en una sociedad organizada por computadoras? ¿Nos convertimos en números?

(…)El problema no es el de si codificarnos o no; el problema es el de codificarnos eficientemente.

Todo se reduce a la diferencia entre un número y un nombre. Mucha gente parece creer que el número es más vil que el nombre. Los nombres son de alguna manera personales y cariñosos, mientras que los números son impersonales y malvados.

(…)Los números son también nombres, pero nombres eficientes. Distribuidos apropiadamente, nunca se necesitarán duplicaciones. Cada número-nombre singular puede ser único en todo el espacio y tiempo terrestres. Y todos serían igualmente dóciles a la escritura y a la pronunciación.

(…)Lo único que hace falta es tener ese número archivado, que sea único, conveniente y fácilmente almacenable y manipulable por computadora. Seréis así infinitamente más personas al haber algo siempre asequible que es exclusiva e inerradicablemente vuestro, que no con un nombre sin sentido, apenas conocido por unas cuantas personas.

En realidad vivimos ya en la época del número, aunque en forma muy primitiva.

(…)Dado que la labor ha de realizarse, hagámosla menos odiosa. Tengo para mí que la salida está en crear un banco nacional de computadoras, a cargo del gobierno (inevitablemente), que registre en sus entrañas cuanta información sea posible acerca de todo individuo que resida en los Estados Unidos (o en el mundo, si alguna vez somos lo suficientemente inteligentes como para organizar un gobierno mundial).

Y no lo espero con triste resignación o con temerosa aprensión, sino con anhelo.

Me gustaría que cada persona recibiese una clave de identificación, larga y complicada, con símbolos que representen su edad, ingresos, educación, vivienda, ocupación, número de miembros de la familia, gustos particulares, posición política, preferencias sexuales, todo lo que sea concebible codificar. Me gustaría que todos estos símbolos fuesen periódicamente puestos al día, para que todo nacimiento, toda muerte, todo cambio de domicilio, todo nuevo trabajo, toda nueva calificación académica, toda detención, toda enfermedad sea constantemente registrada. Naturalmente, cualquier intento de evadir o falsificar tales símbolos sería claramente una acción antisocial, y como tal habría de ser tratada y castigada.

¿No sería una codificación así una invasión de la intimidad? Sí, desde luego, pero ¿por qué mencionarlo? Esa batalla la perdimos hace mucho tiempo. En cuanto aceptamos un impuesto sobre la renta, concedimos al gobierno el derecho a conocer ese extremo. Al insistir en que el impuesto sobre la renta fuera igualitario, admitiendo deducciones por gastos y pérdidas comerciales, por contribuciones, depreciación, y quién sabe cuántas otras cosas, hicimos necesario que el gobierno se ocupara de todo ello, que investigase cada cheque que firmamos, que observase cada comida en cada restaurante, que hojease todos nuestros registros.

No me gusta. Odio, y me sienta mal, que me traten como culpable hasta que no pruebe mí inocencia. Odio participar en una pelea desigual con una agencia que es al mismo tiempo fiscal y juez. Y, sin embargo, es necesario.

(…)Bien, ¿qué ocurriría si todos estuviéramos perfectamente codificados, y si esta codificación fuera manipulada y manejada por computadoras? Nuestra intimidad no se vería más destruida de lo que lo está, pero los efectos de esa destrucción podrían ser menos sensibles e irritantes. El Servicio de Recaudación no necesitaría estudiar nuestros registros. Tendría nuestros registros.

A mí, por mi parte, me encantaría estar en una situación en la que no pudiera de ninguna manera hacer trampas, siempre y cuando ningún otro pudiera hacerlas tampoco. Para la mayoría supondría un ahorro en impuestos.

Incluso me gustaría ver una sociedad sin dinero efectivo. Me gustaría que todo el mundo funcionara con tarjetas de crédito organizadas por computadora. Me gustaría que toda transacción, de cualesquiera naturaleza y monto, desde la compra de General Motors a la compra de un periódico, llevase aparejado el uso de esa tarjeta de crédito, con lo que el dinero sería transferido electrónicamente de una cuenta a otra.

Todo el mundo sabría en todo momento cuál era su activo. Por lo demás, el gobierno podría recibir su parte por cada transacción, y ajustar las cuentas, en más o en menos, a fin de cada año. No podríais evadir impuestos, ni os tendríais que preocupar para nada.

Isaac Asimov. La tragedia de la luna. 1973.

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Acerca de Señor W.

Del temblor al terremoto. Contacto: esperandoelterremoto@gmail.com
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5 respuestas a Fichados

  1. sebas dijo:

    Querido Señor W. No podría estar mas de acuerdo con Vd. Aunque he de decir que en los últimos meses me he transformado en uno de esos idealistas que vuelven a la tierra, que se benefician de ella trabajándola con sus manos. Eso si, usando los útiles que la tecnología y el tiempo nos ofrece hoy día. Lo malo es que, a pesar del avance industrial, mis manos no están preparadas para un trabajo tan arduo, y los callos y bojas aparecen y se curan con el suceder de las campañas de siembra y arado.
    No obstante, espero no ser egoista o avaricioso, y abusar de la tecnología, para que ese trabajo enriquecedor, en todos sus sentidos, no pierda la esencia del esfuerzo que le estoy imprimiendo.
    Saludos.

  2. themackintoshman2.0 dijo:

    Sr. W. , como bien sabe, todo vuelve….

  3. minicarver dijo:

    Asimov es un visionario, sin duda. En muchas cosas. saludos

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